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Agosto:deporte en familia

GUIA DE VALORES DE +ADA

AGOSTO: DEPORTE EN FAMILIA

“EL SUEÑO DEL HÉROE, ES SER GRANDE EN TODAS PARTES Y PEQUEÑO AL LADO DE SU PADRE”. Víctor Hugo.

Texto por:JAVIER CASTAÑER

Deporte: Ciclismo.Récord de la hora y Técnico de Escuelas Ciclistas.

Desde el comienzo de nuestro existir, he­mos seguido las pautas de nuestros padres, para ir creciendo como personas, seguimos cuánto nos encomiendan y aleccionan.

Es importante que seamos conscientes des­de bien pequeñitos, que nuestra familia nos va a inculcar durante todo nuestro apren­dizaje unos valores, que han de servirnos a lo largo de nuestra vida. La diferencia más notable, y sobre todo cuando llegamos a edad escolar, es que ese aprendizaje, esa cercanía, esa comprensión, está en nuestro núcleo familiar, no quiere decir esto, que nuestros maestros no nos lo muestren, quiero decir que ese cariño y afecto, por lo general, es inigualable en el entorno fami­liar. Los buenos padres corrigen errores, los padres brillantes enseñan a pensar, los buenos padres preparan a sus hijos para los aplausos, los padres brillantes preparan a sus hijos para los fracasos. Los buenos maestros educan la inteligencia lógica, los maestros fascinantes educan la emoción. Los buenos maestros utilizan la memoria como almacén de datos, los maestros fasci­nantes la usan como fundamento del arte de pensar (Augusto Cury)

Traslademos esto a la práctica deportiva, nuestros padres para nosotros son como héroes, y la tendencia será practicar deporte como ellos lo hicieron, pero más bonito es hacerlo ahora con ellos.

Es muy importante y gratificante que nues­tros padres-madres, practiquen deporte jun­to a sus hij@s, mostrándose como ejemplo y, por tanto, una parte activa de su aprendi­zaje. Esa enseñanza, hijo- padre o madre, es mucho más directo que monitor-alumno, y además permite una relación más profun­da entre ambos y una humanización en la practica deportiva de los más pequeños, así como enriquecimiento mutuo.

Estamos hablando de deporte saludable en familia, pero… es inevitable que en algún momento de nuestro aprendizaje porque nos va gustando cada vez más, tomemos la decisión de competir, y es ahí cuando real­mente nuestros padres han de tomar esa ac­titud protectora y encaminar correctamente nuestra incipiente trayectoria deportiva.

Nuestros padres nos deben aconsejar con su experiencia y corregir hasta donde real­mente su capacidad les lleve, pero siempre primando nuestra diversión y sociabiliza­ción por encima de ningún otro interés.

De esta forma nos encontraremos cómodos haciendo lo que nos gusta además de ad­quirir valores a través del deporte, es decir, compañerismo, superación, humildad, traba­jo en equipo o perseverancia, entre otros.

Y esa labor guiadora de los padres tiene un papel fundamental, pero también nos po­demos encontrar con un modelo de padres, que ven en sus hijos una inversión y desean a toda costa el “éxito” de sus pequeños deportistas y una espectacular trayectoria deportiva.

Disfrutemos Padres e hijos del Deporte en familia, sustituyendo la presión por la Ilusión.

El más grande de vuestros ídolos del depor­te, un día empezó como vosotros, y si fue ca­paz de seguir es porque mantuvo la misma ilusión que ahora tenéis vosotros.

“El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene”Ralph Waldo Emerson.

Y POSTERIORMENTE SE ACOMPAÑA CON LA FÁBULA QUE CADA UNO ELIGE SEGÚN EL VALOR ESCRITO.

EL MALVADO MILISFORO

Hubo una vez un villano tan malvado, llamado Milisfo­ro, que ideó un plan para acabar con todas las cosas importantes del mundo. Ayudado por sus gran­des máquinas e inventos, consiguió arruinar a todos, pues inventó una poción que quitaba las ganas de trabajar. También hizo que la gente no quisiera estar junta, pues a todos infectó con un gas tan maloliente que cualquiera prefería quedarse en casa antes que encontrarse con nadie.

Cuando el mundo entero estuvo comple­tamente patas arriba, comprobó que sólo le quedaba una cosa por destruir para dominarlo completamente: las familias. Y es que a pesar de todos sus inventos malvados, de sus gases y sus pociones, las familias seguían estando juntas. Y lo que más le fas­tidiaba era que todas resistían, sin importar cuántas personas había en cada una, dónde vivían, o a qué se dedicaban.

Lo intentó haciendo las casas más pe­queñas, pero las familias se apretaban en menos sitio. También destruyó la comida, pero igualmente las familias compartían lo poco que tenían. Y así, continuó con sus maldades contra lo último que se le resistía en la tierra, pero nada dio resultado.

Hasta que finalmente descubrió cuál era la fuerza de todas las familias: todos se querían, y no había forma de cambiar eso. Y aunque trató de inventar algo para destruir el amor, Milisforo no lo consiguió, y triste y contrariado por no haber podido dominar el mundo, se rindió y dejó que todo volviera a la normalidad.

Acabó tan deprimido el malvado Milisforo, que sólo se le ocurrió ir a llorar a casa de sus padres y contarles lo ocurrido. Y a pesar de todas las maldades que había hecho, corrieron a abrazarle, le perdonaron, y le animaron a ser más bueno. Y es que, ¡hasta en la propia familia del malo más malo, todos se quieren y perdonan todo!

¿No es una suerte tener una familia? Te­ner una familia es nuestro mayor tesoro.

 

Extraído: http://cuentosparadormir.com/pedro-pablo-sacristan Autor: Pedro Pablo Sacristán